¿Cuánto vale un BIC? Le pregunta Esteban a Ginés…

Alejandro Egea

 

artículos de opinión equolumnistas

 

 

 

 

 

Por Alejandro Egea Vivancos

 ¿Alguien sabe cuánto vale un BIC? Si usted está pensando en el que, para mí, es el mejor bolígrafo que se ha inventado nunca, quizás tenga que hacer un receso en el discurso para recordarle que, bajo estas siglas, se esconde la máxima protección que se puede otorgar a nuestro patrimonio cultural.

Bromas aparte, un Bien de Interés Cultural, conlleva, en teoría, una protección singular debido a su especial relevancia. Así lo refleja una de las tantas leyes que en este país se interpretan según convenga, se pueda o se quiera. Ya sea la Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español o la Ley 4/2007 de Patrimonio Cultural de la Región de Murcia establecen que aquellos bienes que reciben esta categoría obtienen la máxima protección. Si queremos proteger algo no hay nada mejor. Sin embargo, y aquí viene la pega, la obtención de este reconocimiento no significa, en la práctica, un seguro de vida o conservación. Para que se entienda más claramente, puedes ser BIC y estar condenado al colapso.

La encomiable labor de auténtica lucha, muchas veces en solitario, que emprenden la gran mayoría de los técnicos locales y regionales especializados en Patrimonial Cultural, no será nunca reconocida bastante. A ellos, y a su obcecación se debe en gran medida el rico patrimonio que conserva la Región de Murcia.

Nuestros gobernantes, suelen entender el patrimonio cultural como un gasto y no como una inversión. Sí que es cierto que en ocasiones se dan honrosas excepciones. Restaurar y poner en valor un bien como el Teatro Romano de Cartagena es alguna de ellas y es, sin duda, de agradecer y de alabar. 

Saben los lectores que la recuperación de ese pasado, de nuestra Historia (con mayúsculas) nos fortalece como sociedad y es el camino hacia un tipo de turismo cultural que, aunque menos inmediato que el turismo tipo “sol y playa y campo de golf adosado”, sirve como revulsivo económico, especialmente en aquellas zonas de la Región que no tienen la fortuna de contar con un trozo de litoral dispuesto a ser urbanizado en aras de lo que algunos califican como “progreso”.

El abandono del patrimonio cultural en la Región de Murcia tiene su infeliz abanderado, en las laderas del Monte Miral, a medio camino entre La Manga del Mar Menor y Cartagena.

El colapso del Monasterio y las Ermitas de San Ginés de la Jara (siglos XVI-XVII) no es algo nuevo que pueda ser achacado a la tan mentada crisis. Vive en un estado de indigencia absoluta desde que fue fruto de la desamortización del siglo XIX. Y esto a pesar de contar con la declaración de Monumento Histórico-Artístico de carácter local por la Real Academia de la Historia y de la de Bellas Artes de San Fernando desde 1984 y de la de Bien de Interés Cultural (B.I.C.) desde el año 1992 por la Región de Murcia. Vaya aquí expreso nuestro recuerdo a D. Julio Mas García, a quien le debemos la primera de ellas.

Sólo en 2007, durante los tiempos de la famosa burbuja y asociándose, como no podía ser de otra manera, a un proyecto de complejo residencial, la morada del que es copatrón de Cartagena tuvo un halo de esperanza. Desde entonces a día de hoy la situación económica de constructoras, entidades públicas y financieras ha cambiado radicalmente y el monasterio sigue durmiendo el sueño de los justos.

Que esta iniciativa se haya truncado no debería ser óbice para que uno de los monasterios más célebres que ha existido en el Sureste peninsular se proteja de inmediato, se recupere y se regenere dentro de un proyecto global que lo recicle de cara a un uso público, eminentemente cultural.

Y aunque parezca que se trata de un tema meramente local, cabe recordar que la fama del Monasterio de San Ginés de la Jara se extendió más allá de la comarca del Campo de Cartagena. Las romerías se realizaban desde lugares como Murcia o Lorca y su culto se extendió a lugares tan alejados como Jaén, Granada, Almería, Toledo o Cuenca. Es sin duda uno de los edificios históricos más valiosos de nuestra Región.

Su recuperación histórico-artística por parte de la administración regional se ha visto siempre obstaculizada por la titularidad privada del Monasterio, a pesar, como se ha dicho, de estar declarado como B.I.C. (la máxima protección que se puede otorgar a un bien cultural). Una declaración que expresa que el bien patrimonial debe conservarse adecuadamente “para su disfrute por parte de las generaciones presentes y futuras” (Artículo 1.2. de la Ley 4/2007).

Así que llegados a este punto es hora de plantearse soluciones, que pasan necesariamente por mejorar las leyes y cambiar de gobernantes. El sistema falla, es el momento de reiniciar.

Es fundamental una nueva Ley de Patrimonio, como propone el programa de EQUO, que asegure una correcta coordinación en la gestión, investigación, protección y difusión del Patrimonio Cultural. También es imprescindible que las medidas de financiación vigentes, en especial el 1% Cultural y las políticas de Mecenazgo, sean modificadas para asegurar el desarrollo de políticas patrimoniales económicamente sostenibles y que lleguen a la sociedad. El monasterio y las ermitas de San Ginés de la Jara deben ser un objetivo prioritario dentro de este programa.

Mientras tanto, desde las derruidas ermitas del Monte Miral, contemplando las enormes posibilidades de crear empleos verdes o sostenibles que posee el complejo monacal, quedamos a la espera de que iniciativas populares como la de la Asociación de Amigos del Monasterio de San Ginés de la Jara se extiendan y lleguen a Murcia, como ya lo hizo el culto de San Ginés siglos atrás. Quede aquí expreso nuestro apoyo.

Alejandro Egea es profesor y miembro de EQUO RM